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Viaje al Norte de España
Capítulo 1 "preliminares"
No estuve mucho tiempo para hacer la maleta. Unos cuantos pantalones, camisas de manga corta, alguna camiseta, ropa interior suficiente, dos pares de zapatos... y un polo de manga larga por si refrescaba. No sabía que ese polo ni lo sacaría del macuto.Capítulo 2 "Verde"
Siempre me sorprendo, y no sé cuántas veces he tenido la misma sensación, como va cambiando el paisaje a medida que te vas adentrando.
Tanto Verde. De todas las tonalidades, combinados con gusto exquisito, como si de un chef se tratará.
De entrante, ese Verde pálido aderezado con tonalidades de marrón. De primero, montones de montañas ( y perdonen la cacofonía, pero tal cual es) vestidas por una estera de Verde pasto. Alguna res le da el toque idílico. El plato fuerte: sólo Verde, Verdes árboles, Verdes Montañas, Verdes ramajes, Verdes zarzales, Verdes matojos, ... Verde Verde y más Verde. Exquisito!
El postre, permítanme, se lo dejo a elección suya (yo, nunca tomo).
No cabe decir que para un ágape tan suculento, se requiere del mejor caldo. Un cielo azul manchado por esponjosas y grandes nubes.
Capítulo 3 "mi feria"
Ansioso por llegar, no tuve más remedio que detener mi marcha al leer "pulpo a feira" en una cochambrosa posada (decir Bar, sería injusto). Hablando del pulpo, el mejor se cuce en Lugo, créanme.
Ah, un truco que me explico una "pulpera" de la feria. Si no pueden cocer el pulpo en un perol de cobre, tal y como debe ser, prueben a dejar un barrita de las que usan en fontanería. Sumerjan dicho cobre en el agua durante la cocción. Ya me dirán si se nota la diferencia...
Por dónde iba? Ah.. sí. La fonda. No tuve más remedio que sucumbir ante mis ansias de comer Octopus Vulgaris en mi tierra. El bicho iba acompañado de sus cachelos, sal gruesa, y pimentón, picante en mi caso. El picante, en realidad, es la excusa perfecta para beber a sorbitos, de la taza blanca, el turbiño.
Y allí, entre tanto Verde, entre tanto azul, con mi tabla de pulpo a medio acabar, con la taza de mi Ribeiro en una mano.. y en la otra, mi corazón, ... creí ser feliz.
Capítulo 4 "olor"
Llegué a mi destino. Saben? Siempre que entro en casa de mis familiares, dónde viví de pequeño, lo primero que percibo, es el olor. No podría describirlo, pero sí diferenciarlo entre millones de olores. Es un olor que reza "ya estás en casa"
Capítulo 5 "marisco"
No seré cruel.
Capítulo 6 "gentes"
Galicia, es de los pocos sitios dónde aún se conservan vestigios de lo que fue. Señoras con turbantes a modo de cojín, para que sea más cómodo el transporte de algún objeto,  zuecos de madera, pitillos liados, rebaños que te hacen detener en la carretera. Me detendré aquí. Si un rebaño me hubiera hecho detener allí, de donde vengo, seguramente el enfado sería inevitable. Sin embargo,  que aquel pastor, me hiciera parar, era motivo de alegría. Deje de mirar y volví a observar.
Ya me voy otra vez por las ramas... Decía? Eso, las gentes. No crean, también hay modernidad. Muchos son los jóvenes que van a la última moda. Ahora me viene una frase de Poe: "la moda es algo tan espantoso, que debe ser cambiada cada 6 meses". Qué gran marica! (evidentemente, el tono peyorativo es inexistente, así pues, tú, ahórrate el comentario...no, no usted no, el de atrás).
Capítulo 7 "mi Prima"
Mi despedida de Galicia fue siempre un "hasta pronto". Ese día, mi querida tierra se engalanó para mí. Me gusta creer que fue así. Esta vez, fui infiel a León y decidí, salir por Asturias. La carretera por la cual circulaba, corría a lo largo de un valle. Serían las ocho de la mañana. Recuerdan las nubes y el Verde? Ese día decidieron unirse para mí, supongo, para obligarme a volver. Fue increíble. Podría asegurar que reduje la marcha de mi coche, y esta vez no para mirar. No quería que mi coche moviera un ápice aquella concordia, que las nubes no se fijaran en el rojo metal de mi auto, y siguieran pegadas a las copas de tan fastuosos castaños y pinos centenarios. Podría decir que fueron amantes, y yo un  voyeaur de primera línea. Hicieron el amor ( en ese sentido que está pensado). Así, una vez más, mi Galicia me robaba un trocito más de mi porcionado corazón... Algún día vendré a por los cachitos... algún día.
Anexo "la Playa"
Aquella carretera me llevó a un puente. Pasado éste, estaría en Asturias. Gracias a un camión, que transportaba enseres para unas obras, tuve que detenerme. Vi el cartel "playa". Era una carretera asfaltada, muy estrecha, que terminaba en un pedregal. Oteé el mar desde la ventanilla. Aparqué. Salí del coche. No recuerdo cerrar las puertas ; estaba definitivamente sólo.
Era un atolón , en el cual se le había dibujado unas escalares para poder acceder a la cala. No pude dejar de emular al protagonista de cualquier película serie B, inclinándome por el precipicio. Me acerqué cuanto pude.
Qué difícil fue no gritar!, allí estaba mi finisterre particular. El mar, encrespado, me saludaba con cada ola... repetitivamente, sin cansarse. Yo tampoco me cansaba de mirarlas. La espuma que producían las rocas bajo el agua, me ayudó a confeccionar un mapa perfecto del terreno. Me sentí como pirata haciendo su mapa del tesoro Pude contar cuántas rocas había, y cuál era la más grande. El Sol, tímido y mañanero, le daba el toque cálido a tal estampa. Un ruido me hizo seguir a una gaviota. A modo de guía turístico, me obligaba, y digo bien, me obligaba a seguirla con los ojos. Me enseño más piedras, más rocas, más agua, más olas, más nubes.. e hinoptizado ante tal sinfonía,  me rendí ...

Yo, enfrentado al mar, con mi piel erizada, quise devolver al mar lo que era suyo... y dejé caer, ahora ya, su lágrima... volví a creer que era feliz....

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